Es posible desinhibirse y perder la sensación del tiempo, no saber si cuando te despiertas hace horas que ha salido el sol o te acabas de perder el amanecer por rebañar un poco de calor de la tienda antes de pisar la arena fría de la playa. Es posible también estar hirviendo por dentro y no atreverte a pisar un palmo de agua. Es posible que doscientas cervezas no sean suficientes para un día y medio, y que un día y medio no sea suficiente para tener ganas de volver. Tampoco, quizá, para escribir todo lo que encierra un fin de semana. Es posible que la marihuana te abra los pulmones y los ojos más de lo que podías pensar antes de la primera calada, incluso para ver cosas que antes no querrías. Al fin y al cabo, lo que importan son las personas con sus risas, sus manías, sus sombras y los secretos que se vuelven conversaciones con la confianza que da el alcohol y la falta de luz artificial. Es posible sentirlo por dentro y vivirlo sin fisuras, sin nada que lo maquille de felicidad fingida. Ser feliz y que algo te apriete el estómago es posible, aunque solo sean dos días.
No ha sido el mejor fin de semana de la historia, pero ha sido este fin de semana, y no hace falta más. No hay grandes palabras hoy. Las mejores sensaciones no deberían contarse con palabras, para eso ya hay muchas canciones. Deberían vivirse más por dentro, desterrando el amor propio por un rato. Por eso, solo los que allí estuvieron sabrán de qué hablo cuando digo que no hace falta mucho más que un fuego, una bombilla azul y la sensación de desconexión de todo lo que implique modernidad.
Incluso la cerveza sabía de maravilla aunque no hubiera hielo. Por eso, repetiría hoy mismo sin pensarlo, aunque sea lunes y no vaya a ser igual. Sobran los motivos cuando estás rodeado de sonrisas. Es posible.
Little sub.
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