Riesgo controlado
No puedes encontrar a nadie si no te buscas antes a ti mismo. Es un desprecio al tiempo y al esfuerzo que requiere hacer converger dos vidas aparentemente inconexas en un solo punto que no es más que la hipoteca del sí de los locos o un beso de esos que llaman suicidas. Hay días en los que no te echo tanto de menos, y terminan siendo tan malos como los días en los que sí lo hago. A veces, tres palabras te dejan listo para marcharte a la cama sin cenar. A veces una sola me empuja a escribirte un par de frases. Pero falta la música, y eso es extraño. Sin música no hay letra, y sin letra no estás tú. Y tengo que encontrar la salida a todo esto, pero siento como si me desdoblara y no fuera yo mismo, y alguien estuviera escribiendo por mí todas las cosas que en realidad quisiera decirte, pero no voy a hacer aunque me persiga después la mala conciencia. No creas que arrepintiéndose se curan las heridas. Sé débil cuando la música te parta el alma, y no te preocupes de si tu melodía duele y hace llorar. Sé débil cuando te taladre y te remueva las entrañas. Qué más dará aceptar que aparentas fragilidad. El mundo no es igual para todos y algunos no llegarán a comprender jamás que detrás de lo invisible también hay una vida, y más brillante, probablemente. No te arrepientas de lo que digas, pero tampoco de los errores que no llegaste a cometer. Volverás a reírte, y no te llamaré para decírtelo. No, porque seguirías siendo esa melodía que me traspasa cada tres meses, cuando ya casi no queda nada y se te ocurre regresar sin un argumento convincente, pero con la fuerza suficiente como para desbaratarlo todo otra vez. Me gustaría sentir que te quedas un par de días más para ver si es real todo lo que parece que escondes, por si falla el corazón cuando dice que es auténtico lo que veo o resulta que es verdad que sigo siendo joven y estúpido, pero el deseo dura solamente un instante. Yo ya no sé qué más contarte. Quizá no tenga nada que escribir, aunque sienta la cabeza desordenada, llena de cuándos y por qués y no sepa nunca por dónde empezar. Así pasa el tiempo. Asisto cada día a un desfile de frases desordenadas que hablan de ti pero no quiero decirte. El pudor frena, la intrahistoria hace todo lo demás y callar es apagarse lentamente. Sopeso las consecuencias. Saltarse las normas es llegar a un punto de no retorno donde ya no hay excusas y todo se vuelve un poco más oscuro que antes, y arrepentirse no cura las heridas. Lo demás es pura anestesia. Riesgo controlado.
Little sub.
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