A veces, sin esperarlo ni preverlo, algo dentro me hace click. No suele venir precedido del mismo contexto. Puede provocarlo una conversación ajena, una reflexión íntima, e incluso algún sueño. Me maravilla la sensación despertarme alguna mañana con el recuerdo nítido de los diálogos y las reflexiones que mi subconsciente ha creado de la nada en un sueño, porque suelen ser tan precisos y elocuentes que no parecen salidos de mí mismo, y tan reveladores que me entristece saber que jamás los tendré en la vida real con nadie. Me sucede a menudo. No sé si es algo colectivo o solamente me ocurre a mí, pero no es un tema fácil de tratar si no tienes a la persona adecuada delante. Podrían llamar al médico en tu nombre, o mirarte con ojos que gritan “friki”, esa palabra que tanto se usa para definir todo lo que se sale de lo cotidianamente normal y establecido.
Como decía, soy incapaz de determinar la manera en la que algo provocará el click. Hace unos días leí algo sobre la teoría del caos, y tiene similitudes con lo que me ronda la cabeza porque comparte su procedimiento dinámico y también porque lo simple, lo riguroso y lo resuelto no me resulta tan atractivo como lo imprevisible. Seré así de inestable, supongo. El click sí es simple, si bien sus consecuencias son un tanto caóticas en su peor vertiente, pues normalmente acaban con algo en lo que hasta entonces creía, o por lo que apostaba. Y lo malo de las cosas, cuando se acaban, es que no regresan más. Se quedan en un limbo de la memoria reproduciéndose en bucle, y puedes volverte a mirarlas, pero no tocarlas. Ya no van a volver.
He escuchado a gente decir que eso es mentira. Que todo vuelve; que la vida, como la Historia, es cíclica. No puedo negarles su parte de razón, pero sí creo, por llevar la contraria (es otra de mis manías preferidas aunque esta vez lo piense realmente), que deberían tener en cuenta dos factores añadidos cuando dicen esas cosas. El primero es la teoría del caos y los sistemas de órbitas; el segundo, es el timing del ser humano.
Cuando algo regresa, quiere decir que un día comenzó con unas condiciones iniciales, siguió un curso más o menos definido, acabó y quedó errante en un olvido latente hasta que se dieron las condiciones necesarias para volver de nuevo a la vida. Pero, a diferencia de la creencia general, las cosas que orbitan hasta volver al inicio no describen un círculo único y perfecto, sino un diagrama de numerosos trazos con forma de signo infinito que convierte lo establecido en caos por el simple hecho de haber pasado el tiempo y, con él, la vida, entendiendo ambas cosas como todas las experiencias gratas e ingratas que curten por fuera y endurecen por dentro a todos y cada uno de nosotros.
En un punto indefinido dentro de ese infinito es donde suena click.
Y click no es más que reconocer la consecuencia de una pequeña variación en las condiciones iniciales que han provocado una evolución totalmente distinta a la prevista. Click es sentir que al momento de volver a verla es distinto y encontrarle a quien un día te hacía temblar un acento distinto en la voz. Es la evidencia del momento irrepetible. Es darse cuenta que en el puzzle falta la pieza imprescindible. Es rendirse a la idea de que esa persona ya no es la misma persona por el simple hecho de que tú no eres la misma persona, y que, por el hecho de tener memoria de un pasado y que esta condicione el resto de tu vida, es imposible enamorarla de nuevo.
Click es adiós, es un no hace falta que cierres, es un portazo inaudible, es el punto final de ti y el punto y seguido de mí, es un quizá en otra vida, es el desaliento de reconocer que solo existe una oportunidad en el espacio-tiempo para que alguien pase de ser una simple persona a la persona con mayúsculas, es la tristeza de pensar que tu alma gemela haya podido pasar por tu lado y tú ni siquiera te hayas girado a mirarla por una de esas variables caprichosas del caos. Es la pena de que seguirás siendo la misma persona, pero jamás volverás a ser la misma.
Little sub
Fotografía: Inez&Vindooh

No hay comentarios :
Publicar un comentario