Que nos pillen



Si la justicia no nos ampara con las leyes actuales, cambiemos las leyes. Si con la legislación actual no podemos cumplir nuestro programa electoral, mintamos, desviemos la atención con la historia, ya sea Marruecos o Gibraltar, hagamos propaganda del mal trabajo de gobiernos anteriores para hacer suya nuestra incompetencia o forcemos la situación hasta que las condiciones higiénicas sean tan escasas que se invada el terreno de la salubridad ciudadana. Si nos pillan, no nos iremos hasta que no nos imputen, y si nos imputan por malversar, por mentir o por robar, no nos iremos hasta que no nos condenen. Y ya veremos si dejamos nuestro sitio a otro cuando algún juez de poca monta nos condene y quiera echarnos de nuestra silla, pues, ¿para qué está el Supremo y el Constitucional si no es para pronunciarse en favor del color político que reine si permitimos que su presidente nada menos milite en nuestro partido y no se nos llena la cara de rojeces? ¿Y el Consejo General del Poder Judicial? Take it easy, que la piel de gallina de la sociedad entera es por el frío de noviembre y no por nuestro modus operandi. Al CGPJ ahora también nos lo merendamos eligiendo uno a uno a los 12 miembros regidores con el PSOE, que sí vale para cosas como esta. Para lo demás no, pero para afianzar el bipartidismo déspota que nos interesa, sí. Solo tendremos una excepción si la iniciativa sale mal: que Estrasburgo se pronuncie. Entonces, como ya hemos hecho con el lenguaviva de Wert, corregiremos aprisa, agachando la cabeza, metiendo en la nevera al ministro en cuestión y apagando los micros por un tiempo como el que apaga un fuego. Pero nada de dimisiones, mea culpa, corregirse, dar la cara. Política al fin y al cabo, qué más dará ya, si no hemos cumplido nada de nuestro programa electoral salvo una reforma laboral injusta, ahondamos en las nuestras propias miserias, renegamos de líderes pasados sin una brújula que nos diga al menos dónde esta el norte que buscamos (no el real), nos han llamado “basura” en Bruselas por tergiversar informaciones y a nadie, nadie, nadie de nuestro partido se le ha subido por la espalda un nosequé de vergüenza, pena y asco.

Relaxing cup, señores, si tampoco es para tanto. Nuestro narcisismo es tan grande que nos desborda, y como seguimos imbuidos en la catarsis que da la mayoría absoluta agarrados a la idea de que ya vemos la luz al final del puto túnel sin quitarnos la orejera, todo lo demás es agua y aceite. Vamos, que nos resbala. Las minucias de abortos, mejoras sociales y laborales, educación o sanidad se las dejamos al Partido Socialista, que a nosotros no nos atañe. Lo que importa es que no se grabe a la Policía cuando se exceda en su deber de mantener el orden en una manifestación, en elevarlos a la categoría de víctimas, en anunciar la multa prematuramente antes que redactar la ley, en castigar al putero de acera pero no al cargo público que pide señoritas de cortesía y droga en hoteles de lujo a cargo del partido.

Que no todas las medidas tienen mala intención, pero el camino no es meter miedo, cerrar espacios, dejar desnuda a la libertad de expresión e impunes a quienes hacen de su odio parte de su trabajo. Que no todo será ahogar al contribuyente, ni al inmigrante, ni al indigente, ni al estudiante, ni al trabajador, ni al empresario, pero es que no se está cumpliendo nada de un programa electoral que se vociferó para tumbar al socialismo y entrar a la fuerza a Moncloa. Que en Estrasburgo, decir “basura” suena tan raro que quien lo pronunció siente vergüenza de sí mismo. Que en Reino Unido, los diputados renuncian a su cargo por mentir sobre una multa de tráfico y aquí en España los mismos ladrones se siguen riendo impunes a cualquier ley porque la ley es la del oeste, la del más fuerte, la del que tiene pasta y buenos abogados para salir indemne de robar millones y la que meterá en la cárcel siete años a quien ose tocar el piano en casa. La del que desprecia la música porque sus oídos no son capaces de escuchar nada más que cacareos.



Little sub

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