Capítulo VIII: Antihéroe


Si pudiera elegir, elegiría no perderla. Yo no quiero volar, ni ser invisible. Todos los juegos, incluso los más emocionantes, terminan perdiendo su gracia, sobre todo cuando eres único, el mejor e infalible. Que pudiera volar o ser invisible me divertiría un mes, un año, un par de años, un poco más quizá si conoces a alguien y quieres demostrarle esa cualidad. Pero la esencia, como el mal olor, se esfuma cuando nos acostumbramos, y vuelves a ser alguien normal. Yo no quiero pasar desapercibido. Yo la elijo a ella porque sé que todo será maravilloso cuando amanezca cada día. Y no habrá final. Podré caerme, podré reír, podré gritar, caminar de espaldas, discutir, tocar mal un instrumento; podré reprocharme llegar tarde a su cita, podré volverme a casa cansado de ella o de mí o de los dos, enfadado porque vamos demasiado despacio y el tiempo se acelera de su mano. Podré dormir forzándome a pensar en algo que no sea su pelo, con los ojos apretados y las cejas fruncidas, como si aquello pudiera alejarla de mí. Qué gracia. Podrán pasar las horas, unos días quizá, pero entonces, cuando la calma reine y el polvo del fondo se asiente otra vez, solo entonces sabré que no quiero perderla. Que los superhéroes nacieron para divertir a la gente y yo solamente nací para estar con ella.


Little sub.


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