Si pudiera elegir, elegiría no perderla. Yo no quiero volar, ni ser invisible. Todos los juegos, incluso los más emocionantes, terminan perdiendo su gracia, sobre todo cuando eres único, el mejor e infalible. Que pudiera volar o ser invisible me divertiría un mes, un año, un par de años, un poco más quizá si conoces a alguien y quieres demostrarle esa cualidad. Pero la esencia, como el mal olor, se esfuma cuando nos acostumbramos, y vuelves a ser alguien normal. Yo no quiero pasar desapercibido. Yo la elijo a ella porque sé que todo será maravilloso cuando amanezca cada día. Y no habrá final. Podré caerme, podré reír, podré gritar, caminar de espaldas, discutir, tocar mal un instrumento; podré reprocharme llegar tarde a su cita, podré volverme a casa cansado de ella o de mí o de los dos, enfadado porque vamos demasiado despacio y el tiempo se acelera de su mano. Podré dormir forzándome a pensar en algo que no sea su pelo, con los ojos apretados y las cejas fruncidas, como si aquello pudiera alejarla de mí. Qué gracia. Podrán pasar las horas, unos días quizá, pero entonces, cuando la calma reine y el polvo del fondo se asiente otra vez, solo entonces sabré que no quiero perderla. Que los superhéroes nacieron para divertir a la gente y yo solamente nací para estar con ella.
Little sub.
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