Annie Leibovitz, princesa de Asturias


A veces lamento haber conocido las redes sociales, sobre todo cuando al cabo de un rato actualizando la pantalla para ver si se ha pasado algo, me doy cuenta que lo único que ha pasado es el tiempo. Y me da rabia, ciertamente, por la manía que tiene (el propio tiempo) de no volver, y mi afanado interés por hacer que regrese. El resultado no puede ser más que frustración por lo inexorable. El caso es que me quejo demasiado de las social media y vivo pegado a ellas, restándome tiempo para lo que verdaderamente me importa cuando entro en alguna, que no es más que ver o leer algo verdaderamente interesante. A veces encuentro perlas, no obstante, y quizá por eso vuelva a Facebook a menudo (la curiosidad no solamente mató al gato), pero normalmente me encuentro a mí mismo diciéndome "podrías terminar de leerte ya el libro que tienes aparcado, majo". 



El libro, en este caso dos libros, es Rayuela (releyéndolo porque ni con diez lecturas se agota una novela tan monstruosa) y La conjura de los necios, el cual llevo arrastrando desde un par de meses porque, en realidad, no quiero que se acabe. Me parece tan genial que una persona que no ha llegado a los treinta pueda hacer una crítica tan mordaz y tan certera del carácter universal del ser humano, que quiero leerlo despacito para ver si entre línea y línea encuentro un poco de inspiración real de verdad para algo realmente bueno.
 

No sé si lo habré escrito antes, pero nada de lo que escribo me gusta. En segundo de periodismo tuve una profesora genial que nos hundió en literatura de la buena, algunos muy a su pesar, que una vez, al preguntarle por qué, si hablaba tan, tan bien, no había escrito nunca un libro, nos contestó sosegadamente.

- Porque todo lo que quiero decir ya está escrito.

Silencio sepulcral en el aula. 


A mí me ocurre algo parecido. No creo que nada de lo que escriba esté a la altura de cosas que ya estén publicadas, y por eso tengo un blog. Por ese motivo, y por aquello que me inculcó algún profesor de ética primero y la carrera de periodismo después, hoy tengo que citar a Annie Leibovitz, flamante ganadora del premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades.

No voy a entrar en su vida ni en su obra. Tan solo dejaré una fotografía de moda de un icono de este arte tan comprometido y tan odiado por algunos puristas. Quien no se haya paseado por la obra de Leibovitz tiene la obligación de hacerlo, porque en moda era buena, pero en fotografía social era mejor. Ahora, a las maduras, le llega este reconocimiento. Podría haberle llegado antes, pero con la madurez no solamente se tiran mejores fotos, sino que el discurso madura, se hace sensato, libre de formalismos, y las verdades afloran. Por eso me ha sorprendido tanto la entrevista. Ya no tiene nada que ver, y habla con absoluta franqueza. Ella, que en tantos debates y tantas polémicas se ha visto metida, habla de la vida, de las personas y de la fotografía, deja a los puristas donde deben estar, y entre otras cosas dice frases como estas:


"El ojo es el centro y predomina aún. Con lo digital ya prescindes de algunos puntos que podían resultar incómodos y consigues ciertas novedades interesantes. Pero no se trata de elegir entre naranjas o manzanas, ni aliarse entre lo nuevo y lo viejo. Si observamos las fotografías de una publicación como National Geographic, vemos que se aprecian más cosas desde el cielo o se observan con más minuciosidad las profundidades del océano; todo eso se da gracias al avance de lo digital. A la larga, puede que nos haga mirar de manera diferente, pero siempre será nuestro ojo quien gobierne el proceso. Y las disquisiciones, las dudas que te imponga la mirada, solo vas a resolverlas con la mirada, independientemente de los avances técnicos".

Habla de debates, pero también de cómo una sola persona puede mover todo un mundo. Concretamente, Susan Sontag, pareja y autora de uno de los ensayos más interesantes sobre la fotografía.

"Empecé a buscar historias que me devolvieran a mi origen más comprometido y comencé a reequilibrar mis intereses. Me dirigí más a lo concreto y dejé de, digamos, rebajarme en ocasiones. Ahora ella seguiría insistiéndome: haz lo que quieras, pero, por favor, no tomes más retratos de gente tumbada en la cama. Susan fue la responsable de que sacáramos a Demi Moore en portada, embarazada"

Para más conclusiones, la entrevista completa está aquí, en este enlace. Para debatir, por aquí ando.


Little sub.

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