Capítulo III: Silencio


Se sienta frente a ella, no dice nada, apenas se escucha el sonido de sus respiraciones, el aire que se roban el uno al otro en una pelea silenciosa aunque ni siquiera les haga falta. La mira. Solamente la mira, y cada mirada es aire, oxígeno puro para pulmones asfixiados de buscarse, es un laberinto inefable de sensaciones que no podría describir a nadie. Ciego es el que no ve tanta confidencia muda, mas para no perder tiempo explicando cosas que nadie más entenderá, la mira, y la historia arranca. Le sigue una sonrisa que no es suya, un gesto desconocido, inédito en todos los años que vivió sin conocerla; una sonrisa que estira los labios como nunca antes y encoge el tiempo hasta que las horas son minutos, y le obliga a irse a la cama porque el día ha terminado. Entonces habla, pero no es más que un intento fallido en forma de un susurro, como un pensamiento que se escapa en voz alta y la trae de vuelta del trance. 

- ¿Cuánto tiempo ha pasado? 
- Solamente un ratito, contesta ella. 
- Ojalá durase para siempre. 
Y vuelve el silencio, los dos asienten, respiran quedo, se miran, tiemblan las comisuras y, por último, sonríen otra vez. Así es como el mundo deja de ser un lugar efímero y se transforma en lo que sus labios quieren. Así es el comienzo. Él cree que son gemelos que nacieron diferentes para ser algún día siameses; ella, que el día en que todas las luces se apaguen, no podrán separarse. Mientras tanto, resisten con la certeza de saber que quienes más creen conocerse, menos daño de los demás reciben, porque ellos ya se sabían de memoria mucho antes de encontrarse.




Little sub. 
(Fotografía: Kosuke Matsuo / Modelo: Erika Labanauskaite)


No hay comentarios :

Publicar un comentario