Las cuentas




Lo primero pensé fue en marcharme y dejarle todos los trozos bajo su sábana.
Lo segundo es un rayo que me atraviesa la mente.

Tres son las veces que llamé a tu portal anoche, de madrugada.
Lo cuarto son tus ojos, que chispean a veces sin motivo.
Lo quinto, dejarle paso a mi propia sombra para que me nuble la mente.

Después tengo que reconocer que debería dejar de vivir pegado a tu falda.
Lo sexto y séptimo, espantar lo que pienso a bofetadas.

Las cuentas siguen sin salirme.



No pienses que la solución es huir, o encerrarte en lugares  inaccesibles, ni cierres la boca y te ates las manos para que todos crean que ya no estás allí. Si insistes, lo pensarán, pero serán los menos importantes, los que jamás llegarán a saber que eres más fuerte de lo que tú reconociste un día que hoy parece lejano, y se equivocarán como quizá te equivocas hoy al creer al desasosiego cuando te dice que no puedes superarte. A veces el hastío convierte detalles en montañas, y el tiempo es tan leve que resulta desesperante esperar a que pase, como el vacío o una película que perdió el sonido sin querer. Respiras pero el aire no entra. Gritas y apenas te escucha nadie. Los pedazos se te caen y los brazos no alcanzan a recogerlos. Y la pena es una puta que se te pega al alma cuando estás perdida hasta que alguien te la arranca. Mientras tanto, respira, porque hay aire; grita, porque hay gente que te escucha, y baila, porque aunque se te caigan algunos pedazos siempre tendrás a alguien esperando para regalarte algunos suyos y reparar tus agujeros.



Little Sub.






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