La pena, cuando abunda, anestesia, y yo hace días que crucé el umbral del dolor contigo. Por eso ya sonrío; por eso me curé la anhedonia que me estaba devorando por dentro. Si existe algo peor que la soledad, era, sin duda, algo parecido a eso. Cuando no existe más ayuda que uno mismo, pero tú mismo no quieres despertar de tu letargo, el pozo es tan negro que llegas a acostumbrarte a la penumbra, y cualquier resquicio de luz se vuelve tan enemigo que lo sellas porque has aprendido a amar la oscuridad.
Puedo sonreír porque ya no estás presente, ni tu imagen me persigue a cada paso. La pena de sentir que te alejabas se ha esfumado, y el espacio que ocupabas lo habitan solamente recuerdos de lo que fue y no será, que me siguen fustigando a ratos, pero menos que antes. Lo peor de una decepción es que nunca viene sola. Lo peor de ver es darse cuenta de la realidad. Pero lo mejor de morir de noche es que seguimos resucitando al día siguiente. Y es en ese trance cuando te vas. Cuando te has ido. Puerta de atrás, ningún aviso, ningún final trágico. Te has ido como se va el viento de poniente mientras duermes: en silencio.
Lo realmente maravilloso de escribir es que puedes vencer al tiempo y su prisa y ordenar el caos que ocurre cada segundo. Sin esa manía de congelar el tiempo hasta hacerlo eterno, seguiríamos viviendo en la ignorancia, incapaces de encontrar los matices que solo se ven cuando te cambias de bando. Allí, en cada segundo infinito, se esconden también las personas. Somos detalles, somos gestos, somos lo que callamos y casi nunca lo que decimos. Preferimos perder la dignidad por aferrarnos a una mano traicionera cuando el mundo se derrumba en lugar de pisar firme y aguantar la tormenta, aunque después bajemos la vista avergonzados al mirarnos pasar a nosotros mismos de vuelta a casa. Y así se escriben las historias.
Ya me cansé de luchar por personas que no se cambian de bando. A veces un solo gesto duele más que una bofetada, y mi colección ya está completa. No hay sitio para más. Por eso ahora sonrío. Porque la carga es difícil de llevar, pero sé que será la última, y yo seguiré resucitando.
Little Sub
(Fotografía: Rodney Smith)
