Ataraxia



No consigo sacarte. Lo intento pero sigues clavada. Y quisiera, vaya que si quisiera. Es una ruina vivir con la cabeza en otra parte. Todo el día. A todas horas. Tú, tú, tú, tú, mi nueva idiosincrasia, asomada en todas las canciones que gritan “ahora no es el momento” y me piden que te mienta para seguir siendo aquello que querías encontrar hace unos meses, o convierta en inocente lo indecente que quisiera escribir esta noche. Lo haré de golpe, y al arrepentirme me hartaré de ginebra hasta creer que he hecho lo correcto, aunque mañana siga tu nombre grabado a fuego en mi resaca. Está todo pensado, y debo parar ya de fingir, de hacer quimeras. Si fuera lo que buscas no sería tan difícil, aunque difícil no sea la palabra exacta. Quizá indiferencia mezclada con algún buen rato para el recuerdo, el guión de mi vida este último año. No sé a ti, pero a mí sí me costaba dar dos pasos adelante sin sentirme aún en la línea de salida, como cuando eras una más de nadie y yo el más desconocido de todos. Ahora ya ha pasado el tiempo y muchas cosas, y parece que no hay para más. Ya no quedan más que sombras y más sombras, y más vale retirarse cuando aún queda algo de dignidad en la recámara. No te creas: ni me siento muy orgulloso ni te culpo, de verdad. En realidad me culpo a mí mismo por no verlo desde el principio, por autoconvencerme una y otra vez de que las cosas podrían haber sido distintas, que tu ausencia de interés era en realidad la más cruda de las faltas de interés, y no el tira y afloja que por temporadas mantenía los nervios a raya y jugaba a no dejarme dormir algunas noches. Que un no de entonces se convertiría en el no con mayúsculas de ahora (ya ves,a veces me sigo dejando caer siendo consciente de que dolerá), y toda esa mierda mental sin sentido. Nunca me gustaron el riesgo y el azar, y sin embargo contigo aposté todo a la partida más larga, que dura ya más de un año, para redimirme y agotar todos los cartuchos, decirme a mí mismo “amigo, lo intentaste, la cagaste” y volver de ti fingiendo que no ha dolido.

Lo difícil es matarse por primera vez. Apretar el gatillo y sentir el retroceso de lo imposible. El ruido desconocido de la pólvora al incendiarse y el interrogante de si realmente fuiste tú quien disparó o fue otro con una mano que es la tuya. Matarse diciendo nunca más, fin, a ese no rotundo al que ya no siguen réplicas porque ha ganado y ya no hay marcha atrás. Renunciar a los sueños que un día pulularon en tu cabeza, olvidar posibles viajes que solo existieron para ti, y todas las noches interminables en las que te veías como en una película. Eso es lo difícil. Matar la ilusión antes de que te explote ella en la cara. Decir no. Jamás. Se acabó. Seguir viéndote sin querer verte cada día y no poder huir hacia donde tu sombra no me alcance.
Morir para poder seguir viviendo.
 

Lo que vendrá después de ese último segundo será una ataraxia. Entonces ya no serás imprescindible. A menos que antes tenga que volver a morir por ti.


Little sub.


No hay comentarios :

Publicar un comentario