Zancadillas
Hace unos días, una chica hacía realidad su deseo de saber qué era el aire. Amaba tanto la idea de conocerlo que se convirtió en él y fue aire para siempre. Jamás volverá su sonrisa de labios tétricos. Desapareció sin una despedida, como si en el fondo, sabiendo de su recién estrenada naturaleza, creyera que volvería alguna vez. Su voz sonaba como cuando de pequeño te visitaba alguien de la capital y parecía muchísimo mayor de tanto que sabía de lo que hablaba, con tanta química y tan segura de sí misma que tú tenías que agarrarte los dedos para no tocarla y preguntarle si era real. ¿Recuerdas esas tardes con el sol siempre de cara corriendo con los zapatos desatados muertos de risa y las sombras rozándonos la cara para dejarnos mirar atrás? ¿Recuerdas cómo era volver a casa y el sabor de la tierra en los labios y los labios de tu madre al besarte una herida y las siestas a las ocho de la tarde delante de la ventana del porche en los días lluviosos de verano? Siento menos de lo que digo y digo menos de lo que pienso, pero todo se reduce en un punto, un solo punto de luz que me dice que sigo vivo aunque me pueda la vergüenza de reconocerlo. El alma solo existe en los libros de poesía. Yo creía que tenía una, y lo que tengo es una capa de cartón que solo da calor en los momentos de verdadero frío, cuando ya no queda nada y ya no hay ruido porque todos se han ido y tienes solo dos manos para recoger los pedazos que se te han caído de la herida que tienes en el pecho. No se puede entrar en la vida de nadie si te invitan a pasar con una zancadilla o el lugar que esperabas es en realidad una jaula. A menos que puedas convertirte en aire.
Little sub
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