Capítulo VI: Miedo


Sonaba The Verve, y aunque venía quebrado de antes, escuchó crujir otro trozo en algún lugar de su cabeza. Sabía que ya estaba perdido, que una noche cualquiera cometería la locura de decirse la verdad a sí mismo y todo se desmoronaría. Pero se reía. No había miedo donde antes encontraba tempestades. Tampoco había marcha atrás; quizás, precisamente, por eso, porque no había camino de vuelta, porque ya no había más espacio para las consecuencias de vivir tan rápido y porque cualquier otra cosa que no fuese ella era, sencillamente, caminar de espaldas hacia el precipicio. Sin embargo, tenía que escapar. Tenía que marcharse de allí. Ashcroft cantaba en un lamento y la piel se le erizaba solo de pensar que ella le dejara cantarle al oído una vez más. «Let me know and I'll sing in your ear again». Pero esta vez no había drogas que la dibujaran en el aire. Era real y era efímera y todo se diluía a su paso, o era ella la que dejaba de ser visible para el resto, tan brillante era el mundo cuando sonreía. Tenía que marcharse y dejar de vivir el estribillo en un bis infinito de diez semanas que solo le hacía temblar.
La quería tanto que rozaba el miedo.
 
Él era miedo.
 
Porque no había tenido tiempo para darse cuenta y porque antes de llegar no había luz y porque su boca podía esconder su vida y la suya. Porque nadie le había explicado que sería tan grande y que el mundo se rige con sus normas aunque nadie lo sepa. Porque estaba perdido. Porque si quieres demasiado y lo dices y la tierra se mueve bajo tus pies aun quieto, estás perdido.


Little sub.


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